domingo, 22 de enero de 2012

El obispo

Hubo un obispo medieval bejarano, don Gonzalo (de Zúñiga, cómo no), mitrado en la sede placentina, que fue de armas tomar, en el sentido más riguroso de la palabra: era de los de la cruz y la espada al mismo tiempo, como bien supieron los sarracenos en Las Navas de Tolosa. Tal fue su fama que dejó tras de sí un romance popular de lo que se cantaban de plaza en plaza: “Un día de San Antón, / ese día señalado, / se salían de Jaén / cuatrocientos hijosdalgo. / Las señas que ellos llevaban / es pendón, rabo de gallo; / por capitán se lo llevan / al obispo don Gonzalo, / armado de todas armas, / encima de un buen caballo”.
Aquellos obispos placentinos tenían por costumbre amortiguar los calores estivales veraneando en Béjar, que siempre ha tenido un clima más sano y templado en los agostos. El balneario de Baños era la playa de la Concha de la burguesía extremeña hasta no hace tanto. Los obispos, por su condición, alternaban las alcobas de Plasencia con las del palacio de verano de que disponían en Béjar. Dirán ustedes que cuál era: el mismo que luego fue la Real Fábrica de Paños del primer industrial independiente del ducado, Gabriel Rodríguez, caserón noble frente a la iglesia de Santa María que hoy aparece a la venta en inmobiliarias de la red a un precio que la crisis, maldita crisis, pone por encima de mis posibilidades de este mes.
Durante siglos, la visita a Béjar de un obispo placentino no despertaba menos alharaca que la de un duque o duquesa. Unos y otros pisaban más bien poco las calles bejaranas, así que su venida era motivo de alborozo grande. Crónicas hay que lo atestiguan. E incluso, en tiempos más recientes, fotos con arcos triunfales para su recibimiento. Todavía recuerdo de mis tiempos de niñez una visita pastoral con gran despliegue escénico. No dejaba de ser un acontecimiento.
El actual obispo, Amadeo Rodríguez, visitó el otro día Béjar y las fotos publicadas por los medios de comunicación daban fe de unas maneras menos ampulosas, más modestas, rayanas más en la discreción que en el confeti. Apenas el alcalde y un par de concejales le agasajaron a la puerta del templo, en una foto un tanto desangelada que tal vez sea sino de los tiempos.

Parece ser que ambas autoridades, la religiosa y la civil, hablaron de Las Edades del Hombre, que no sé del todo si es motivo pastoral o profano. Un tema difícil, aunque puede que salga adelante. Careciendo Béjar de catedral o templo de similares dimensiones, la pregunta del millón es dónde piensan exhibir el rico patrimonio eclesiástico: ¿en alguna gran nave textil en abandono? No sería mala cosa que lo uno valiera para recuperar lo otro. Hasta merecería celebrarlo con un arco triunfal.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Las raíces

Con un cierto desdén, ocasionalmente hay quien me pregunta extrañado por la razón de tanto afán bejarano. Cómo explicar, entonces, el sentido vital de Ítaca a quien cree que el mundo es ancho, ignoto y está por conquistar. Ensayadas muchas respuestas, aporto la que dio el jugador Andrés Iniesta cuando un periodista le preguntó por qué tiene bodegas en Fuentealbilla, el pueblecito manchego en el que nació, y por qué ha invertido en el equipo de fútbol de Albacete: “Tengo una familia que me ha inculcado unos valores que me impiden olvidar de dónde vengo y cómo he llegado hasta aquí. Ellos han sufrido, lo han pasado fatal. Cuando sabes que eso pasa, todo lo valoras más. Puede parecer que todo ha sido fácil, pero no es así. Me ha costado llegar, sé de dónde vengo y hago las cosas porque las siento. Todo tiene su relación. Invierto en vino porque lo siento. No ha sido una inversión económica. En la tierra está tu raíz. No es un capricho, son principios. Es la tierra de la que vengo, una finca en mi pueblo. Era una manera de buscar las raíces”.

viernes, 5 de agosto de 2011

La etimología de Cantagallo

De guindas a brevas el semanario Béjar en Madrid acoge en sus páginas algunos trabajos de investigación de los que estoy por afirmar que con seguridad gozan de escasos lectores, pero que sin embargo pasan a formar parte de ese patrimonio que conforma la bibliografía local esencial. Es ducho el semanario en ese sentido, con sus casi cien años de historia. En sus páginas han aparecido algunas de las aportaciones de largo alcance que luego nos han servido a las generaciones posteriores para seguir perfilando la identidad de Béjar.
Es el caso ahora de las cinco entregas que Manuel Marcos Casquero ha publicado a lo largo de mayo y junio con el título de “Sobre el nombre de Cantagallo”. Estoy seguro de que el autor, porque me ha pasado a mí más de una vez, se preguntará si al otro lado de las páginas, una vez publicadas, alguien las habrá leído. Por las mismas, sospecho que cuatro gatos, cinco si me incluyo. Se trata de un estudio de alta filología, como todos los del autor, sobre la más que curiosa etimología del topónimo Cantagallo. Son escasísimos los trabajos de que disponemos para saber por qué los lugares de Béjar y sus alrededores se llaman como se llaman. No es el primero, en todo caso, que Marcos Casquero escribe. Ya en 1973, en otra serie de artículos parecida a ésta, intentó ponerle cerco al propio nombre de Béjar, tan intrigante. Y qué decir del único “diccionario” que tenemos de palabras bejaranas, que él escribió y luego publicó el Centro de Estudios Salmantinos. No seré yo quien redunde sobre todo lo que sabe Marcos Casquero de las interioridades de la lengua bejarana. Baste decir que es nuestro primer filólogo, y por tanto maestro.
Sólo desde la atalaya de esa maestría y los muchos años enterrados en los libros se puede allegar el caudal de datos que aporta para intentar decirnos, entre burlas y muchas veras, qué demonios puede significar el nombre del encantador pueblecito de Cantagallo. Porque desde fuera lo más fácil es dar por hecho lo obvio, que ahí cantó un gallo, tan de Perogrullo como aquel amigo mío que explicaba a un norteamericano curioso que su tierra de Extremadura significaba que era “en extremo dura”. Y luego resulta que no, que las cosas de la ciencia etimológica dicen que aquello son los extremos del Duero. Vaya por Dios.
Marcos Casquero se ha tomado la paciencia de hacer acopio de referencias e hipótesis de toda índole, construyendo suposiciones que luego derriba para acabar donde empezó, no sin sorpresa y regocijo para el lector: resulta que sí, que lo más probable es que signifique lo que la etimología popular afirma, que allí cantó un gallo.
Y si Marcos Casquero lo dice, para mí punto en boca. A ver qué hago yo en adelante, después de haber creído siempre al llorado José Luis Majada, que en otro trabajo de índole toponímica decía que Cantagallo significaba “piedra azul”, y nos dejaba a los filólogos la tarea de decir porqué. Se hubiera reído, el buen sacerdote, con la respuesta que le ha dado Marcos Casquero.

viernes, 22 de julio de 2011

Prodigio

Anuncia la edil de Festejos que las que vienen en septiembre serán unas fiestas un 40% más baratas y sin embargo habrá muchos más actos. No deja de ser maravillosa la alquimia popular para manejarse con la parábola de los panes y los peces. Aleluya, hosana. Hemios llegado, por fin, a la tierra prometida, la de la leche y la miel en abundancia: imiporta que haya mucho mucho mucho, y que sea barato, barato, barato. Eso es hacer país.

miércoles, 20 de julio de 2011

Teoría del Cromo Cambiado

Me entero ahora, tanto tiempo después, de un principio sociológico, mecánico o electoral, que responde al curioso nombre de Teoría del Cromo Cambiado y que fue definido, supongo que hacia 1994, por el diputado popular José Antonio Bermúdez de Castro. Lo dice el periódico El Mundo. Ahora exitosa en Extremadura, y quién sabe en cuántos otros sitios, al parecer la teoría fue aplicada por primera vez en nuestra ciudad y consistió en “descubrir en Alejo Riñones al candidato perfecto para romper el histórico veto de los vecinos de Béjar al PP”.
Y luego dicen que Béjar está en decadencia, cuando hasta sirve de laboratorio político.
Me intriga, en todo caso, saber en qué consiste exactamente el principio del cromo cambiado: ¿acaso en que el candidato sea extremeño de nacimiento? ¿Acaso en que sea obrero? ¿Acaso en que sea de izquierdas? ¿Acaso en que esté repe?
Curioso. Muy curioso.

lunes, 18 de julio de 2011

Procesiones

De un tiempo a esta parte no veo más que procesiones en la calle bejarana, algunas como las de san Antonio o la de la Virgen de la Salud de las que en mi vida había oído hablar. Está bien recuperar tradiciones y fervores. Estoy, sin embargo, expectante por saber qué va a pasar este año el 28 de septiembre, por saber si todas las procesiones van en la misma dirección.

domingo, 17 de julio de 2011

Lucky Peterson se come Béjar

La plaza de toros de El Castañar, de nuevo con el aforo completo y la luna asomada para no perdérselo, echó anoche (esta mañana, más bien) el cierre a la XII edición del Festival Internacional de Blues de Béjar, con un cartel en la cumbre que establecía a priori un duelo entre artistas norteamericanos, padres del invento, e hispanos, discípulos aventajados, con la guitarra como instrumento de discusión. Porque las guitarras fueron, efectivamente, las protagonistas absolutas de la noche, sin asomo de los metales y casi de la armónica hasta el tramo final de la madrugada.
El primero que subió al escenario, al filo de las diez de la noche fue un peso pesado que cuenta en su historial haber compartido tablas con Muddy Waters, John Mayall o Jimi Hendrix: Joe Louis Walker, que traía consigo una línea de músicos donde las cuerdas se triplicaban con las de Murali Coryel y Amar Sundy, además de las suyas. Con ese punto de partida, el foco de luz saltaba de un mástil a otro en un repertorio híbrido que incluyó el blues, pero también el rock y el soul, que hasta ahora no habían aparecido en las anteriores sesiones del festival.
Sin solución de continuidad fue luego el turno de Lucky Peterson, multiinstrumentista ecléctico y cantante generoso que derrochó alegría y fuerza en el recorrido de su hora y media, tiempo sobrado para arrimarse a todos los palos de la música negra con una frescura y diversión que hicieron las delicias de los aficionados, entregados a sus juegos, sus coros y su magia. Terciado el concierto subió al escenario su esposa Tamara y entre ambos pusieron fuego en la arena, cómplices de un público sorprendido y cautivo en una actuación que fue lo mejor del festival.
Justo donde lo dejó Lucky Peterson recogieron el guante los integrantes del tramo final de la noche, bajo el genérico y prometedor rótulo de “Reunión de blues ibérico”, máscara bajo la que es escondían Los Blues Pistols de Santi Campillo, Pepe Bao, Anye Bao y Sooper Hooper, que se instalaron en el hard rock y el funky con evocaciones al amparador blues del que todo nace. El diálogo de los dos lados del Atlántico adquirió maneras de cumbre cuando comenzaron a congregarse sobre el escenario músicos bluseros invitados de los cuatro puntos cardinales de España, hasta quince, que se disputaban el aplauso en una larga jam session que, digámoslo sin apuro, fue la mejor forma de poner remate a una noche de guitarras, por decir noche, porque uno de los últimos invitados se abrió paso hasta el micrófono con un “buenos días” que lo dice todo sobre la intensidad y disfrute de un festival que gana cada año y se ha vuelto cita imprescindible para los aficionados de todo el país.